Banco Central en el presupuesto
El Banco Central (BC) tiene una facultad admirable. Puede emitir el dinero necesario para pagar sus pérdidas.
Desde su creación en 1947 el BC ha acumulado pérdidas por más de doscientos mil millones de pesos, por diferentes razones, como son sus propios gastos administrativos, diferencias entre tasas de compra y venta de divisas, pérdidas en préstamos de Fide e Infratur, e intereses pagados sobre préstamos internacionales, fondos de encaje legal y depósitos recibidos del público.
Si el BC hubiera pagado todas esas pérdidas acumuladas con emisión de dinero, y ya no existieran causas de más pérdidas en el futuro, no habría apremio alguno para que el Estado las asumiera ahora, años después de los hechos que las provocaron.
Esto así pues los efectos de las emisiones en cuanto a inflación y depreciación del peso habrían sido ya absorbidos por la economía.
Pero sucede que la mayor parte de dichas pérdidas no fueron pagadas emitiendo dinero, sino entregando o vendiendo certificados al público, que siguen generando intereses y provocando más pérdidas.
Si el BC tuviese que pagar esos intereses con emisión monetaria, la muy celebrada estabilidad macroeconómica del país podría desaparecer.
De ahí la importancia de que el Estado capitalice al BC con bonos y cumpla con el pago de los intereses.
Para vincular la capitalización con la estabilidad futura, quizás hubiese sido mejor limitarla, cuando se aprobó, a las pérdidas que el BC no había ya cubierto con emisión de dinero, en lugar de incluirlas todas.
Pero se deseaba evitar que el público, que desconfía de los gobiernos, pensara que los intereses de sus certificados serían pagados por el Estado, que era realmente lo que se quería.
Por eso también se dispuso que los superávits futuros del BC se usaran para cancelar los bonos de capitalización, en lugar de para redimir los certificados.
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De Gustavo Volmar