Brasil, Rusia, India y China, que comparten dos características básicas, conforman el llamado grupo BRIC. Son países grandes, en términos de población, territorio, producción y recursos. Y sus economías han crecido rápidamente en los últimos años.
Esos cuatro países han sostenido ahora su primera cumbre, en la ciudad rusa de Yekaterinburg, más conocida internacionalmente por haber sido el lugar donde en 1918 el zar Nicolás II y su familia fueron ejecutados.
Aunque se habían generado variadas expectativas respecto de sus posibles resultados, la reunión de un solo día no culminó con ningún acuerdo sensacional. Este hecho pone de manifiesto que a pesar de tener posiciones comunes sobre varios asuntos, esos países tienen intereses muy divergentes en otros aspectos.
Una de esas divergencias surge porque los cuatro están tratando de impulsar su producción en base a exportaciones a mercados muy competitivos. Rusia quiere reducir su dependencia del petróleo y Brasil busca hacer lo mismo respecto de los minerales y los productos agrícolas. De igual modo, la India y China procuran incrementar su participación en las ventas de bienes industrializados de creciente complejidad y sofisticación. Ninguno de los cuatro quiere servir de proveedor de materias primas para los demás.
Otra divergencia es en materia financiera. Rusia y Brasil han estado promoviendo la creación de una moneda supranacional de reserva que sustituya al dólar. Pero sucede que China es propietaria de unos 770 mil millones de dólares en títulos del gobierno estadounidense, más que los 690 mil millones que Japón posee, y tiene inversiones en otros valores en dólares por varios cientos de miles de millones más. Nada que afecte al dólar favorece a China.
Conviene a países como la RD tener un contrapeso a Europa y los EE.UU., pero el BRIC dista aún mucho de ser un grupo coherente.
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