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El empoderamiento social,
la movilización y
la participación son la garantía
de la sociedad para tener un
verdadero estado de derecho
y acceso equitativo
a bienes públicos de calidad.
El desarrollo humano es la expresión de
una voluntad, es una decisión. Históricamente
ha habido minorías que han controlado
el rumbo de la historia a su favor y mayorías
que han quedado excluidas de los frutos
del crecimiento económico. Este hecho ha
sido justificado a lo largo de siglos por diferentes
religiones, ideologías e, incluso, teorías.
En unos casos, el poder provenía del designio
divino; en otros, era el resultado de
condiciones humanas predesignadas como
la familia, el lugar de nacimiento, el color o
el género. Los sectores con poder llegaron a
afirmar que la pobreza de algunos era un
paso previo y necesario para lograr el desarrollo
de todos. Hoy sabemos con certeza
que el poder no cae del cielo, que la pobreza
no es un prerrequisito del desarrollo y
que el poder se construye, se redistribuye o
se conquista.
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