También le llaman “The Donald”. Como extravagante potentado de los bienes raíces, Ahora pone su nombre en el farallón, con “Trump at Cap Cana”.
En la historia de la humanidad, pocos hombres han sido marcas, Henry Ford, Nelson Rockefeller, Adolfo Hitler, Fidel Castro, Donald Trump. Y es que una marca es un referente de algo que uno quiere tener, o ser.
Independientemente de que uno quiera o no ser Donald Trump, a todos nos gustaría ser “The Donald”, o tener lo que “The Donald” tiene, que no es lo mismo, ni es igual. En todo caso, Donald Trump tiene mucho dinero… dinero en tal cantidad que a muchos les parecería obsceno. En todo caso, conseguirlo no le ha costado poco.
Su boca, en este sentido, ha sido su medida, la medida de sus sueños, de su visión, y de lo que ha estado dispuesto a poner en juego para conseguirlo (que no ha sido poco, por cierto). Parte del juego de seducción que hay entre el público consumidor de medios de comunicación, los especialistas de medios, los analistas financieros y, en suma, todo el mundo, y Donald Trump como marca (las expectativas sobre sus gestiones, la comidilla sobre su vida personal, las críticas a todo lo que le rodea, desde su extravagante peinado hasta las mujeres con las que ha contraído matrimonio, sus problemas financieros del pasado, sus proyectos tan diversos y, en ocasiones, escabellados) tiene mucho que ver con lo que él tiene y lo que el resto del mundo no tiene.
En principio, él tiene su sueño hecho realidad. En esta ecuación, la palabra “hecho” y el proceso de mantener ese sueño en vilo, todo el tiempo, día tras día, mes tras mes, año tras año, es lo que muchos no le perdonan (que “The Donald”, como Cristóbal Colón ante quienes le criticaron su visión, de hecho “lo consiguió”), y el resto no lo ha conseguido, no tiene el derecho de poner el “The” antes de su nombre, llámese Ernesto, o Ernest, o Donaldo.
Porque en el caso de “The Donald” su vida sí es sueño. Para el resto, mientras tanto, la vida es soñar, soñar, y soñar. ¿Cuánto vale el sueño de “The Donald”? La respuesta es simple: US$3 billones. Este es el valor reportado dentro del acápite “Net Worth” de su perfil financiero. Es decir, ser “The Donald” es igual a US$3 billones. Tres mil millones traducido del inglés; o tres millardos, en buen español.
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